La oficina. Mudanza (actualización)
¡Hola!
Hay quien piensa que la vida de oficina es monótona, predecible y
aburrida. A todos ellos solo puedo decirles una cosa: ¡Ja!
En las últimas semanas, mis compañeros y yo nos hemos convertido en expertos de la supervivencia laboral. Todo comenzó con la orden de un cambio físico de instalaciones. ¿El motivo real? Nadie lo sabe. Solo recibimos el mandato de digitalizar hasta el último papel, triturar archivos muertos y empacar nuestras vidas en cajas de cartón.
Hasta ahí, el procedimiento estándar. Lo verdaderamente terrorífico empezó con la logística de la Administración. Tuvieron la brillante idea de programar la mudanza en fin de semana, ignorando que nuestra jornada es de lunes a viernes. Por si invadir nuestro tiempo libre fuera poco, la organización ha sido deplorable: nos dieron una fecha y se canceló; nos dieron una segunda y también se cayó. Vamos hacia el tercer fin de semana de incertidumbre, con la maravillosa noticia de que el nuevo edificio sigue en trabajos para hacerlo funcional. Mis compañeros están comprensiblemente furiosos tras haber arruinado sus planes personales dos veces consecutivas por pura ineficiencia.
Sin embargo, el destino tiene un sentido del humor muy retorcido. El lugar al que regresamos no es un desconocido. Es un viejo edificio del que ya les he compartido alguna historia de fantasmas en publicaciones anteriores.
Así que saquen las palomitas: nos espera un cierre de año con el trabajo
al tope, una desorganización administrativa de campeonato y, de roomies de
oficina, almas en pena. ¿Alguien se atreve a decirme otra vez que mi trabajo es
aburrido?

Comentarios